Desde hace varios años, ConCiencia
4x4 coopera con el Instituto Geofísico
del Perú (IGP), entidad encargada de
monitorear la actividad sísmica en nuestro
país.
En agosto del 2007, nuestra Kia Sorento
ayudó a perfilar el tsunami provocado por
el terremoto de Pisco. De las 500 víctimas
de ese desastre, por lo menos 8 murieron a
causa del maremoto.
En Lagunillas, al sur de la Península de
Paracas, entrevistamos a los sobrevivientes.
Las construcciones de ladrillo y concreto
resistieron al sismo, pero no al tsunami, que
en ese punto superó los 10 6 metros de altura
y mató a tres personas.
El terremoto de Chile, en febrero del 2010,
provocó una intensa perturbación en el mar
de Paracas, a 3,000 km del epicentro. Como
en el 2007, acudimos para registrar el tsunami.
que, Ffelizmente, el evento no tuvo gran
intensidadcauso daños importantes—, pese
a que sus efectos persistieron durante más
de 48 horas. Inicialmente, aunque el mar
se retiró 300 metros frente al balneario de
Paracas. Ronald Woodman, presidente del
IGP, midió una diferencia de 2.70 m entre
los niveles mínimo (seca) y máximo (alta)sí
una larga duración.
Origen y destino
El Perú se ubica en el encuentro de dos
grandes placas tectónicas, la de Nazca y
Sudamérica, que "avanzan" en direcciones
opuestas.
Somos parte del Cinturón de Fuego del
Pacífico, y lo que sucedió frente a las costas
de Concepción, Chile, no sólo puede ocurrir
frente a las costas de Lima.
Inevitablemente, ocurrirá.
¿Cuándo?
La sismología no puede dar fechas exactas,
pero sí las probabilidades dentro de un marco
de tiempo.
La costa central del Perú registra un terremoto
de más de 7º aproximadamente cada
40 años. En promedio, la placa del Pacífico
se desliza bajo Sudamérica a razón de 8 cm
por año.
El terremoto de Chile movió una parte de
esta placa casi 20 metros a lo largo de una
fractura de 800 km. Y lo hizo en menos de 2
minutos. Es decir, “comprimió” el movimiento
promedio de 2 siglos en 2 minutos. Por eso
fue tan fuerte.
Cuando no hay terremotos, la tensión en la
corteza terrestre se acumula. Frente a Lima,
ya llevamos varias décadas (desde 1974) sin
sufrir los efectos de un terremoto.
Esta quietud (también llamada “laguna
sísmica”) no puede durar para siempre. Debemos
prepararnos, pues el próximo gran
terremoto sacudirá Lima, casi con 100% de
certeza, dentro de los próximos 20 años.
También debemos estar listos para un
posible tsunami.
tierra y mar
La mayor parte de las familias peruanas
saben, por experiencia, lo que es un terremoto.
La tierra tiembla. Las construcciones
vetustas se desploman. Las laderas pueden
dislocarse, causando aludes. Los terrenos
pantanosos se licuan, y hasta el asfalto tendido
sobre ellos se quiebra.
Los colegios y empresas hacen simulacros
todos los años para ayudar a mantener el orden
y controlar el pánico en caso de sismo.
Los tsunamis, en cambio, son menos
frecuentes y sólo afectan los puertos y
algunas zonas costeras. Por eso, la mayor
parte de los peruanos no sabe que cosa es,
exactamente, un tsunami, ni que señales lo
anuncian, ni como actuar para protegerse
de este evento.
Cómo y por qué
Para comenzar, un tsunami (del japonés: ola
de bahía) no es “un” tsunami, sino varios.
Ronald Woodman, presidente del Instituto
Geofísico del Perú, lo compara con el efecto
de lanzar una piedra en una laguna. El impacto
en el agua produce una serie de ondas
concéntricas que avanzan desde el punto
donde cayó la piedra hasta la orilla.
En el caso de un tsunami, salvo que éste
sea producido por un meteorito que caiga
directamente sobre el mar, el "golpe" viene
de abajo. La corteza terrestre, movida violentamente
por un sismo, actúa como un gran
pistón que empuja el fondo del mar.
Generalmente, las primeras tres ondas
del tsunami son las más destructivas, pero
no las únicas.
El gran maremoto del Océano Indico, que
mató a 250,000 personas en diciembre del
2004, tuvo 7 picos. En el caso del reciente
terremoto de Chile (27 de febrero, 2010), la
bahía de Paracas, en la costa central del Perú,
registró un “tren de ondas” que perturbó el
mar durante casi tres dos días.
No todos los terremotos producen tsunamis.
Para hacerlo, deben cumplir por lo menos
tres condiciones:
1. Más de 7º de magnitud.
2. Epicentro bajo el mar.
3. Fractura Y que la fractura de la corteza
terrestre ocurra a una profundidad no mayor
a 40 km.
Marea, ola y tsunami
Todos los días, el nivel del mar sube y baja
atraído por la gravedad de la Luna y el Sol.
En el curso de un día, las mareas (que tienen
un ciclo de aproximadamente 12 horas) alcanzan
2 veces su punto más alto y 2 veces
su punto más bajo.
Las mareas inundan el litoral con una gran
cantidad de agua. Pero lo hacen de manera
muy lenta y 100% predecible. Por eso, no
causan ningún desastre.
En el otro extremo de los altibajos del mar
están las olas producidas por el viento, que
rompen en la playa.
Estas olas tienen períodos muy cortos: de
20 a 30 segundos entre cresta y cresta (contra
las 12 horas que hay entre las “crestas” de
la marea). Cada una de las olas producidas
por el viento (incluso de las olas “grandes”)
mueve un volumen relativamente pequeño
de agua.
Un maretazo es un oleaje inusualmente
violento, (en el caso del litoral peruano, producido
por tormentas a miles de kilómetros
de distancia). Un maretazo entraña peligro
y puede causar daños materiales, pero no
en la escala de un maremoto o tsunami de
origen sísmico.
El tsunami está a medio camino entre la
marea y la ola común. Las ondas del tsunami
tienen un período (tiempo entre cresta y
cresta) de 30- a 40 minutos, mucho más que
los 30 segundos de la ola común, y mucho
menos que las 12 horas de la marea.
Mientras que la ola producida por el viento
entra y se retira en menos de un minuto, la
“ola” del tsunami demora 15 minutos en
llenar, y otros 15 en vaciar. Por supuesto, el
volumen de agua desplazado por el tsunami
es muchísimo mayor al que mueve una ola
común.
El flujo y reflujo de esta marea súbita rompe
puertas y ventanas, barre con vehículos y
peatones, estrellándolos contra las paredes
y causando destrucción y muerte.
Sólo en casos excepcionales, el tsunami
forma una ola “clásica”, con rompiente y
espuma.
El mismo tsunami se comporta de manera
distinta en diferentes partes del litoral, dependiendo
del zócalo o perfil del fondo. El caso
del terremoto de Pisco ilustra perfectamente
este punto. Mientras que en la playa de Yumaque
el tsunami alcanzó 10 metros de altura,
en la bahía de Paracas tuvo “sólo” entre 2 -a
3 metros. Con otra diferencia fundamental.
En Yumaque no hay construcciones; allí no
vive nadie y, por lo tanto, no hubo “desastre”.
En cambio, en Paracas el tsunami, pese a su
menor altura, mató a varias personas y causó
cuantiosos daños materiales.
Buenas y malas noticias
El Estado acaba de aprobar los fondos para
que el IGP inicie la implementación de una
red sismológica satelital, independiente del
tendido telefónico.
Los equipos deben llegar en octubre y la red
estaría parcialmente operativa (y en prueba)
en noviembre del 2010. La consolidación de
la red está prevista para el 2011.
Quizás esta ha sido la única consecuencia
positiva del terremoto de Chile.
La red sismológica satelital es una pieza
indispensable del Sistema de Alerta de Tsunamis,
pues permite determinar inmediatamente
y con gran precisión el epicentro, magnitud
y otras características de un sismo apenas
este ocurre.
Con estos datos, los sismólogos del IGP
pueden advertir sobreadvierten la probabilidad
de ocurrencia de un tsunami. A esto se
suma la vigilancia masAlertado por el IGP (y
por el propio sismo) alerta del Servicio de
Hidrograf’iía y Navegaci’oón de la Marina de
Guerra redobla la vigilancia del mar peruano.
del comportamiento del mar
Por ejemploEl sistema también permite
descartar amenazas: . Si un el sismo que sacude
la capital tiene el epicentro del sismo se
encuentra bajo Chosica, al este de Lima y en
pleno continente, no hay necesidad de alertar
sobre un posible tsunami a la población
del Callao, Ancón, Lurín y los cada vez más
populosos balnearios del norte y sur.
En cambio, si la fractura de la corteza se
registra bajo el mar, frente a la costa de Lima,
y supera los 7º de magnitud, es importante
actuar.
Aquí es donde viene la otra cara de la moneda
del conocimiento: ¿qué hacer con él?
Advertir sobre la probabilidad de un tsunami
sólo ayuda a evitar la pérdida desalvar
vidas humanas ssi existen contamos con
un sistema efectivo de comunicación social
para poner en marcha rápidamente planes de
evacuación previamente ensayados.
–y se han ensayado—comunicaci’on rápida
con la poblaci’on y planes de evacuación
para que los pobladores en situación
vulnerable se pongan a salvo en lugares
predeterminados.
De otra maneraUna alarma que no remite
a un curso de acción, lo único que se puede
lograr es contribuir apropiado sólo contribuye
a generar al pánico.
En resumen:
El terremoto está en camino.
El tsunami, también.
Ya tenemos a una institución que –dentro
de algunos meses—estará en capacidad de
emitir una alerta temprana.
Ahora hay que terminar de diseñar (y poner
a prueba, “en seco”) los planes de comunicacionescomunicación
social y evacuación
esbozados por Defensa Civil para proteger
a la población del litoral peruano en caso
de tsunami.
Tener el paracaídas no basta. En el momento
decisivo hay que saber cual es la cuerda que
se jala, y hacerlo rápido.
Porque una vez que saltamos del avión
–o–o, en caso de tsunami, cuando “el tren
de ondas” ya inició su camino hacia la costa,
—hhay que actuar de forma inteligente y
con prontitud.
Porque los segundos para el impacto sólo
se descuentan.