TURISMO DE MASAS Y TRANSPORTE: EL GRAN RETO DEL TURISMO DEL SIGLO XXI
TURISMO DE MASAS Y TRANSPORTE: EL GRAN RETO DEL TURISMO DEL SIGLO XXI
Turismo de masas y transporte: el gran reto del turismo del siglo XXI El turismo masas es una de las grandes consecuciones del estado del bienestar, al tiempo que ha venido generando una actividad económica importante. En este contexto, el turismo internacional aumentó un 50 por ciento en los años noventa. Es cierto que la tecnología ha avanzado mucho para evitar los impactos que esta movilidad genera, si bien el aumento del turismo ha sido tan grande, que los avances tecnológicos no han podido mitigar tales impactos. Además, los desplazamientos turísticos tienden a ser más distantes y frecuentes. El transporte es uno de los sectores que más contribuye al cambio climático entre otros factores y, sin embargo, se estima que el crecimiento del turismo internacional en el periodo 1995 - 2020, será de un 175 por ciento, esto es, mil millones de turistas más. Por ello, es todo un reto para el turismo, compatibilizar el desarrollo de esta actividad con los graves impactos del transporte.
El turismo y más en concreto el de masas[1], es un fenómeno de nuestro tiempo que ha venido para quedarse y al que difícilmente le daremos el placer de tomarse unas vacaciones. La coyuntura actual en que la renta per capita ha aumentado considerablemente, al tiempo que existe una mayor disponibilidad de renta por hogar debido a la incorporación de la mujer al mercado laboral, o la generalización de las vacaciones remuneradas, sin olvidar el mayor tiempo de ocio y el envejecimiento de la población, entre otros factores, sientan las bases socioeconómicas de la población en los países desarrollados, siendo a su vez un estímulo para la práctica del turismo.
Si a todo lo anterior le unimos que los forfaits turísticos han descendido en precios constantes, debido sobre todo a la caída de los costes del transporte, la incitación al viaje es todavía mayor. De esta manera, como expondremos en el trabajo, el aumento del turismo en las últimas décadas ha sido espectacular, siendo las perspectivas de crecimiento aún más amplias, aunque es evidente que todo queda a expensas de las diferentes coyunturas que se puedan producir (económica, política, medioambiental, energética, etc.)
Como decimos, uno de los principales causantes de este estado de cosas han sido los avances tecnológicos en transportes, así como algunas políticas en esta materia, como por ejemplo la liberalización, particularmente en el sector aéreo. Esto ha llevado a una importante caída de las tarifas, un incremento de rutas o también la diversificación horaria entre otras. Como es evidente, todo ello se ha convertido en un enorme atractivo para los viajes turísticos.
Pues bien, en este contexto, analizamos cómo se ha llegado a la democratización del transporte, en tanto que impulsor del turismo de masas, hasta el punto de que el turismo se convertirá, en opinión de muchos autores, en la principal actividad económica del mundo en las próximas décadas.
De cualquier manera, este estado de cosas conlleva serios impactos, principalmente de índole energético, ocupación de espacio, contaminación acústica, etc., por lo que haremos énfasis en todos estos factores.
El principal objetivo de este trabajo se centra en estudiar el crecimiento turístico y sus impactos en el contexto de la tercera Revolución Industrial postfordista. Así pues, el crecimiento económico mundial y las nuevas pautas políticas, tecnológicas y demográficas entre otras, están suponiendo un crecimiento -en números absolutos- del turismo, sin precedentes hasta ahora.
Es por tanto esta tendencia la que nos sentará las bases para indagar en las repercusiones de este modelo, más aún en un contexto donde la mejora de la accesibilidad (física, económica e incluso también de tiempo), está favoreciendo la proliferación de comportamientos individuales tremendamente consumistas de productos relacionados con el turismo.
Se trata pues, de plantear el escenario desde donde venimos, hasta la tendencia futura y las implicaciones que se derivarán de ello para la sostenibilidad del Planeta, más aún cuando algunas economías como la china, india, etc., van a permitir que las clases medias de estos países demanden cada vez más una movilidad turística.
Como es evidente, al final se plantean algunas alternativas en aras de paliar, en la medida de lo posible, los conflictos ambientales (emisiones de gases, consumo de espacio, etc.), que presenta este crecimiento desmesurado de la movilidad turística
El transporte es el principal parámetro en el que se asienta el turismo, pues sin los medios de transporte y las infraestructuras que le sirven de soporte (carreteras, vías férreas, aeropuertos, puertos, etc.), el turismo no podría materializarse y menos aún alcanzar los enormes flujos que se registran en el presente.
Por todo ello, la mejora considerable de la accesibilidad -o democratización-, a los medios e infraestructuras de transporte que se ha producido en los últimos cincuenta años[6], ha sido la auténtica columna vertebral del turismo. Es evidente entonces que el indiscutible avance en la accesibilidad al transporte, solo ha sido posible cuando al menos las clases medias han tenido la posibilidad de moverse cada vez más, sentando las bases delturismo de masas.
De cualquier modo, el concepto de democratización del transporte no es tampoco una interpretación actual, pues en otro tiempo -y desde una óptica parecida-, se pensó que un bien material, como era la máquina de vapor, traería la democracia, al tiempo que hoy se cree que ésta se verá reforzada por el advenimiento del ciberespacio (Naredo 2006, p. 118).
La extensión del transporte privado entre las clases medias, debido a las inversiones públicas en infraestructuras, acompañado de la mejora de la renta y del descenso progresivo de los costes de adquisición de los vehículos, fue realmente lo que más contribuyó a democratizar el transporte. Esta extensión del transporte privado, al menos a las clases medias, se ha producido en distintos periodos según el estado de desarrollo de los países, si bien en otros muchos no ha llegado tal revolución, aunque en la actualidad algunos se encuentran en vías de ello, como es el caso de China (y también la India), con todas sus consecuencias ambientales y de necesidades de espacio por mucho que la ciencia avance en materia de reducción de emisiones.
Pues bien, la mejora de la capacidad de acceso entre las clases medias se plasma en comportamientos cada vez más alcistas de la movilidad, con todas sus repercusiones para el crecimiento del turismo, pero también para la afección del medio ambiente, debido sobre todo al aumento de las emisiones y al deterioro del paisaje por la construcción de más carreteras, sin olvidar la accesibilidad inducida que ésta le proporciona a los espacios más o menos vírgenes[7].
La extensión del transporte -especialmente del privado por carretera-, y entre casi todos los estratos de la sociedad en los países desarrollados, particularmente en los años sesenta y comienzos de los setenta (aunque incluso antes en algunos países como Estados Unidos), coincide con una serie de mejoras significativas en diversos ámbitos. En especial tendríamos que aludir a los avances técnicos, tanto en la fase de la fabricación, comercialización de los vehículos, etc., como en la fase de explotación con el progresivo descenso del consumo de carburantes por kilómetro, la mejora de las vías de transporte que induce a velocidades más constantes y económicas, con menores pendientes, etc. Estos avances técnicos facilitan una caída de los precios corrientes que, unido a un incremento de las rentas, ponen en bandeja el acceso progresivo de las clases medias a un vehículo privado.
De cualquier manera, el ferrocarril, particularmente en España, jugó un papel estimable para el transporte de turistas desde comienzos del siglo XX -y hasta al menos la década de los 50-, en que cede su protagonismo ante el automóvil privado. En efecto, fue una etapa en la que “todavía circulaban locomotoras de vapor que no aseguraban ni por lo más remoto la velocidad ni la puntualidad en el transporte. Y si en 1950 el porcentaje de viajeros/km. transportados por ferrocarril era de un 60 por 100 del total nacional, a partir de la década de los sesenta comenzó a descender vertiginosamente hasta llegar a un 9 por 100 a finales de los sesenta” (San Miguel 1992, p. 68). En este contexto y partiendo de la base de que los grandes movimientos turísticos de masa coinciden en el caso español -y gran parte del resto de Europa-, con los años sesenta, es fácil deducir la escasa participación que para la potenciación del turismo en España tuvo el tren. De cualquier manera, si nos remontamos a comienzos del siglo XX -y dentro de una coyuntura de escasa movilidad turística-, habría que decir que los 31 coches - cama de los trenes Wagons-Lits existentes en España en 1911, transportaron ese año unos 140 mil viajeros (Fernández Fúster 1991 a, p. 205), aunque bien es verdad que todos ellos no contarían con una finalidad turística[8].
Por su parte y como comentaremos en el siguiente epígrafe, la democratización del transporte aéreo -verdadero baluarte del turismo de masas-, no llegaría hasta la generalización del motor a reacción en los años sesenta. Mientras tanto, el transporte marítimo cede terreno ante el avión en esta época y, sobre todo, después de la crisis del petróleo de 1973, por lo menos hasta el renacimiento de los cruceros desde mitad de los años ochenta. De igual modo, la fórmula del bajo coste en el transporte, particularmente en el aéreo, como consecuencia de la desregulación del sector, ha estimulado aún más si cabe el turismo de masas, especialmente en la última década, por lo que también profundizamos en otro epígrafe en este particular.
Los avances tecnológicos en transportes han venido siendo, desde hace ya bastantes décadas, uno de los principales mecanismos inductores del turismo, pues éstos han favorecido la caída de los precios y un cambio radical en las relaciones espacio - tiempo, como uno de los pilares claves dentro de la tercera Revolución Industrial postfordista (Méndez 1997, p. 190-199). De cualquier manera y en este contexto de constantes innovaciones tecnológicas, desde los años setenta en Estados Unidos y desde los noventa en Europa, se han desplegado toda una serie de iniciativas, como por ejemplo la desregulación del transporte, que han permitido una mayor competitividad entre las distintas empresas de transporte relacionadas con el ocio, facilitando de esta manera una caída importante de los precios del transporte.
Este descenso ha estimulado, sin duda, el desarrollo de los desplazamientos turísticos, especialmente desde varios puntos de vista, siendo complementarios entre todos ellos, a saber:
1.- Captando clases sociales o estratos -por ejemplo jóvenes-, que antes no podían acceder al disfrute de unas vacaciones.
2.- Los antiguos turistas de clase media pueden realizar más viajes a lo largo del año.
3.- Los turistas también tienen la opción de realizar los mismos viajes al año, aunque en trayectos más distantes y, por tanto, inaccesibles para ellos con anterioridad debido sobre todo a las elevadas tarifas aéreas que, de modo acelerado, han ido cayendo.
Ni que decir tiene que, la mayor competitividad entre empresas relacionadas con el ocio, se ha producido en el campo del transporte, especialmente en el aéreo donde hasta ahora se ha venido dando el mayor proceso de desregulación, aunque también se prevén implantar estas medidas en otros medios de transporte. No obstante, los servicios turísticos de bajo coste no solo se han limitado al transporte, aunque han comenzado por aquí hasta llegar a su afianzamiento, sino que también se han extendido a otras esferas dentro del ocio, como el sector de los alojamientos[20]. No obstante, estos últimos apenas han alcanzado el protagonismo de las compañías aéreas de bajo coste como vamos a desarrollar en el siguiente apartado.
Así pues, en una coyuntura donde la fórmula del bajo coste parece tener cada vez una mayor aceptación para los desplazamientos turísticos, particularmente dentro de los sectores del transporte y de los alojamientos[21], la consolidación de un modelo turístico en constante crecimiento y sin techo aparente por muchas décadas a la vista, parece más que factible. Sin duda, son las compañías aéreas las que más han innovado en el bajo coste y es por ello, por lo que nos vamos a centrar en éstas en el siguiente apartado.
Con los antecedentes del fuerte crecimiento del mercado turístico en los últimos años, así como las previsiones futuras -además de la conveniencia del desarrollo de esta actividad en los países del sur, normalmente más alejados de los centros emisores-, es necesario comentar algunas medidas que contribuyan a corregir el elevado impacto de la movilidad turística. Hacemos por tanto una recopilación de algunas de ellas, sin que su orden implique una mayor o menor relevancia.
1.- Establecimiento de un impuesto sobre el combustible progresivamente más elevado, especialmente en aquellos modos, como el aéreo, con mayor cantidad de emisiones por pasajero. Es evidente que ello afectaría a los destinos más alejados, quizá también más necesitados del turismo para superar el ostracismo al que han estado sometidos. Por ello, sería necesario establecer, de manera paralela, un complejo sistema de bonificación para favorecer el desarrollo de los destinos y que podría depender por ejemplo del Índice de Desarrollo Humano (IDH) o del Producto Interior Bruto (PIB) de los distintos países, de tal modo que las rutas con los estados que presentasen unos menores índices, obtuvieran un mayor grado de bonificación de los combustibles. Todo ello estaría sujeto a unos determinados límites, así como a la capacidad de carga de los destinos.
2.- Creación de documentos, registros, etc. ambientales que, a modo de tarjetas inteligentes para cada individuo, permitirían una determinada cuota anual de emisiones, de tal modo que ésta integraría una cantidad sostenible de CO2 y otros gases por individuo. En esta cuota anual se incluirían desde los insumos más vitales y que suelen estar relacionados con los que se consumen en el hogar, hasta los imputables a los desplazamientos turísticos. Alcanzado un límite, la propia tarjeta podría gravar más ciertos servicios, o incluso cercenarlos in extremis. Es importante señalar que en el caso de la movilidad turística, el impacto de cada desplazamiento es diferente (en distancia, en tipología de medio de transporte y clase de asiento, etc.), por lo que esta hipotética tarjeta debería contener esta eventualidad. También debería contener un trato diferencial entre el movimiento turístico y el de corte laboral o de negocios, penalizando evidentemente al primero, más aún cuando es recurrente en el año y en trayectos muy distantes.
3.- Incentivos, que se podrían materializar en metálico, en determinados servicios, etc., para aquellos efectivos que se desplacen menos en un determinado periodo de tiempo, o que también lo hagan en medios de transporte menos contaminantes, en clase turista, etc. De este modo, se adoptarían conductas más condescendientes con el medio, avanzando hacia una mayor racionalidad de la movilidad turística sin aparente fin.
Así pues, con el establecimiento de al menos alguna de estas medidas, se podría minimizar el enorme impacto que está causando la movilidad turística, especialmente en avión, aunque, como decíamos, dando oportunidad a la población a disfrutar de su derecho al turismo como una de las conquistas sociales más importantes con las que se ha deleitado el hombre en las últimas centurias.
El crecimiento del denominado turismo de masas ha sido un fenómeno imparable desde al menos los años sesenta. En este hecho ha influido toda una serie de circunstancias sociales, económicas, demográficas y políticas, pero especialmente las tecnológicas relacionadas con el transporte. Y es que sin la aplicación del motor a reacción al sector aéreo, el turismo de masas que se dio desde entonces en el sur de Europa o de Estados Unidos, tendría difícil explicación. Tampoco hay que desdeñar que la mejora de la renta de la población, así como de las redes viarias, aceleró la adquisición de vehículos privados que terminarían empleándose en los desplazamientos turísticos de corta distancia.
Pero como decimos, los avances tecnológicos aplicados al transporte han sido cruciales para explicar los casi 850 millones de turistas internacionales que se registraron en 2006. Paralelo a ello, la apertura de los cielos que se ha dado particularmente en Norteamérica y Europa, ha impulsado aún más la movilidad turística, pues la accesibilidad económica al transporte aéreo, así como en conexiones entre ciudades, adaptación de horarios, etc., ha mejorado considerablemente, hasta el punto de que ya son muy frecuentes los desplazamientos turísticos aéreos de fin de semana.
Ante este escenario -y en un contexto de crecimiento económico, con altibajos, pero constante desde mediado el siglo XX, sin olvidar el progresivo crecimiento de la población dispuesta a viajar en los países desarrollados y en vías de desarrollo, como es el caso de China-, las expectativas auguran un aumento del turismo internacional en más del 175 por ciento entre 1995 y 2020, llegando a casi los 1.600 millones de turistas anuales. Este hecho, en principio positivo puesto que contribuiría a consolidar la sociedad del bienestar, así como a un mayor conocimiento entre culturas, vislumbra un problema energético de dimensiones colosales, precisamente en una coyuntura en que las fuentes tradicionales se agotan. Además, la población tiende a viajar con más frecuencia y a desplazarse cada vez más lejos, con el consiguiente aumento de los requerimientos energéticos per capita.
Así pues, habría que encontrar un equilibrio entre el derecho a la movilidad turística y el respeto ambiental, especialmente en el campo del sector aéreo como ejemplo del transporte más contaminante que existe. Y si se diese el caso de llegar a una contaminación próxima a cero -debido al empleo de energías limpias y baratas en el proceso de fabricación, explotación y reciclaje de los aeropuertos y aeronaves-, entonces el conflicto se trasladaría a la falta de espacio aéreo y terrestre para albergar y distribuir tanta demanda, y ese problema es casi imposible de resolver.
El turismo a nivel mundial está avocado pues, a una inevitable regulación del crecimiento, estableciendo para ello algunas medidas que contengan el insostenible aumento de los viajes turísticos (ecotasas, tarjetas de movilidad, etc.). De este modo, se minimizaría el enorme impacto que está causando el desarrollo de los medios de transporte, especialmente del avión. No obstante, es importante que estas medidas no coarten el derecho de la población a disfrutar de la movilidad turística, como una de las grandes conquistas sociales de las que ha disfrutado el hombre en los últimos tiempos. Es pues en este complejo equilibrio, en el que se moverá el turismo en los próximos años y donde es muy difícil establecer unas mínimas directrices, pues no hay que olvidar que el turismo es una actividad económica cada vez más potente y a su vez puede ser un mecanismo muy válido para disminuir la pobreza en los países del sur, por lo que esta actividad está cada vez más presente en la política mundial. Por ello, será extremadamente difícil establecer, por ejemplo, ecotasas a nivel mundial u otro tipo de medidas de esta índole, aunque sin duda habrá que acometer este tipo de iniciativas.